Tuesday, 29 May 2012

Cuando la realidad apalea los sueños...

Ok. Acá vamos de nuevo (ya las últimas entradas de este blog) y esta vez para hablar de cosas no lindas pero que merecen ser contadas pues, después de todo, tienen que ver con la razón por la cual me fui a pasar un largo tiempo a Jordania y me hicieron aprender muchísimo.

Deepak Chopra dice en su famoso (y muy interesante por cierto) libro ¨Las 7 leyes fundamentales del éxito¨, que cuando nos dedicamos a trabajar en aquéllo que hacemos bien y disfrutamos y que se supone es el don especial que trajimos a esta tierra, todo fluye y conseguimos lo que deseamos sin demasiado esfuerzo. Primero, porque amamos lo que hacemos. Segundo, porque estamos alineados con el Universo y nuestro propósito en esta vida.
Re lindo, Deepak. Pero claramente mi don especial y todo eso, no tienen nada que ver con el buceo.
No me malinterpreten, por favorrrrr! Amo el buceo y lo elijo sobre cualquier otra actividad (bue, digamos que empata con bailar tango). No soy la mejor buceadora del mundo ni la mejor instructora del mundo. Obvio. Pero buceo bien, lo disfruto, me hace sentir en un mundo de paz y armonía y cuando lo hago, créanme, no hay otro lugar o momento donde quisiera estar. Y cuando doy clases de buceo, ya sea a alguien que recién empieza o a un avanzado, disfruto con un placer indescriptible ver cómo superan un obstáculo, como empiezan a moverse con naturalidad bajo el agua o cómo se les ilumina el rostro ante el descubrimiento de un mundo y una sensación que para ellos era desconocida.



Siento que mi don o propósito o lo que sea, tiene más que ver con la enseñanza que con la específica enseñanza del buceo, sin embargo, cuando tuve que buscar trabajo pensé que juntar estas dos cosas que eran las que más disfrutaba (enseñar y bucear) era lo ideal.
Error. Error. Error. No porque no sea posible, sino porque mis primeras dos experiencias como instructora de buceo (ambas en Jordania) fueron super frustrantes y me quitaron las ganas. 
Obvio que ahora, si tengo la oportunidad, doy clase a amigos o gente que necesita más tiempo que otra para perder sus miedos o para lograr hacer alguna de las cosas necesarias para certificarse, pero la verdad que estos dos trabajos en Jordania me hicieron avivar que una cosa es trabajar gratarola y de onda, como lo hice en Grand Turk, donde la gente es más relajada, que tenerlo como obligación en un entorno hostil como el que me tocó.
Y allá voy con la primera parte.

Primera oportunidad de trabajo que me apareció en la página de PADI en el Mar Rojo, la acepté. Fue una locura porque yo nunca había estado en Jordania, no hablaba árabe y cuando el dueño del centro de buceo me dijo en Skype que Al Aqabah era un pueblo pequeño a orillas del Mar Rojo con excelente vida submarina, yo me quedé atrapada en eso de la buena vida submarina y me dije: cualquier lugar es bueno. Error error error. 

Pero no quiero enfatizar en las cosas que podría haber hecho mejor porque no tiene sentido. Lo que pasó, pasó como dice la canción y trato de no evocar los puntos específicos de mayores contratiempos. Recién ahora, un año más tarde, puedo relatar con un poco más de detalle cómo fue mi vida de enero a abril incluído en esa primera experiencia, sin que me provoque dolor de estómago (o ganas de ser contorsionista para poder darme a mí misma varias patadas en el culo...).

Empecemos porque Al Aqabah es un lugar deprimente, salvo por el buceo, y eso ya lo conté en los otros posts del blog. Si París es la ciudad del amor, New York la ciudad donde no alcanzan los días para hacer todo lo disponible y Buenos Aires la ciudad que no duerme, Al Aqabah es la anti-Paris, anti-New York, anti-Buenos Aires.  Sin embargo, yo siempre me las rebusco para encontrar algo lindo o estimulante en cualquier lugar. Pero Aqaba es un caso bien difícil.... 
Además yo ni vivía en la ciudad. El centro de buceo/hotelito estaba a 15 km de la ciudad (detalle que el dueño omitió en nuestras charlas y mails) y yo tenía un cuarto de  2 x 3 sin ventanas ni aire acondicionado ni baño privado. Tenía que vestirme y cruzar el área de la piscina a las 3 de la mañana si quería hacer pis. Todo es muy seguro ahí pero la verdad... es un garrón. Tampoco tenía una ducha en mi cuarto, así que tenía que usar las de los buceadores/as que son abiertas, así que me duché casi 4 meses siempre en biquini.

El lugar donde me contrataron (en realidad nunca vi un solo contrato ni para mí ni para nadie) se llama Aqaba Adventure Divers y los dueños son dos hermanos. Uno de ellos llamado Raid Abu Mafhouz, re normal, con quien se podía charlar, ver fútbol y tenía una actitud super positiva y que manejaba más la parte gerencial. El otro un gordo llamado Talal Abu Mafhouz que junta en su personalidad todo lo malo que uno se imagina de los hombres árabes y nada de lo bueno. Y como verán en la foto, ni siquiera lucía atractivo o atlético...





Para primera muestra ya bastan dos cosas que pasaron en la primera semana:

 1) Como yo no hablaba nada de árabe y Talal me dijo ya el primer día: Ni lo intentes. Te llevaría quince años aprenderlo... (sí, re macanudo), su hermano me dijo que todas las tardes, cuando los que vivíamos en el hotel nos juntábamos un rato a ver algo de fútbol (siempre partidos entre dos equipos del Medio Oriente que se imaginarán no es como ver a Boquita o el Barcelona o el City o cualquier equipo que sepa jugar...), podíamos hacer una clase de media hora y que en un mes y medio o dos me iba a sentir cómoda al menos para tener las conversaciones básicas que se necesitan en cualquier lugar. 
A cambio yo le di un par de ideas para mejorar el marketing del centro de buceo que era de terror. Aparentemente a Talal eso no le gustó y de un día para otro, su hermano desapareció. Me dijo que se había ido con su familia a Amman y estaría ahí unos meses. Nunca volvió al centro de buceo. 
2) A la semana de estar trabajando ahí, ya me había adaptado a cosas como el baño y la comida sin variedad y una vez por día. Lo que ellos llaman almuerzo pero es a las 5 de la tarde. También me había resignado a que el horario de trabajar arrancaba a las 8.30 de la mañana y se terminaba cuando el último loco de atar se le ocurría aparecerse a bucear. Eso podía ser a las 4 de la tarde o a las 8 de la noche. Pero lo que pasó fue que vino una argentina (Cecilia) a hacer un buceo de prueba (no conmigo sino con un tipo que a veces trabajaba en el lugar) y cuando terminó me dijo que este tipo la había invitado a cenar y si quería ir con ellos así charlábamos un rato. Obvio dije que sí. Al dia siguiente Talal me llamó para decirme que yo no debía socializar con las mujeres que venían a hospedarse en el hotel. Es decir nada de ir de shopping o a cenar o lo que fuera, porque (literalmente) ¨les sacaba a los otros empleados la posibilidad de tener sexo con ellas". (Sí, para los musulmanes son sagradas sus mujeres, pero las no musulmanas es como si fuera prostitutas)
Primero pensé que era una broma pero no. Para él, que sus empleados puedan acostarse con las turistas es como un bonus del trabajo y yo estaba interfiriendo.  Tampoco socializar con los huéspedes hombres, porque "en esta sociedad no está bien visto que una mujer salga con un hombre un día y más adelante con otro. Yo no tengo problema porque soy de mente muy abierta (sí, jajaja) pero si alguien se entera va a ser un problema". 
Tratando de contener la risa que me dio tan absurdo razonamiento y cuando me di cuenta que hablaba muy en serio, le dije que con respecto a socializar con hombres no tenía que preocuparse, ni él ni nadie se iba a enterar de lo que yo hacía de mi vida social.... (obvio que no entendió el sarcasmo). Y que con respecto a la noche anterior, cuando fui a cenar con el coquito ése y Cecilia, le iba a dar una información que seguramente él no tenía. Le dije que Cecilia era argentina y que los hombres argentinos son en general encantadores, divertidos y atractivos. Y por lo tanto el tipito que había ido a la cena, en una escala de 0 a 10, no raspaba ni un 2 para el gusto argentino. Que no se preocupase, porque estaba segura que ese tipo, ni aún estando en una isla desierta, podría haber tenido oportunidad con Cecilia. Y me fui a mi cuarto pensando un poco cómo iba a hacer mi trabajo sin socializar con nadie. Con el tiempo me di cuenta que era imposible.

Otras cosas se sumaron: la revolución en Egipto hizo que el turismo se desmoronara y nadie aportaba por el golfo, así que nada. En cuatro meses que estuve, solamente di cinco cursos y me tuve que aguantar unos cuantos árabes que no hablaban inglés y querían intentar bucear por primera vez en condiciones que PADI no admite ni por casualidad. Cosas que me daban temor ya que eran de mucha irresponsabilidad por parte del centro, pero Talal solamente pensaba en el dinero que él hacía, ya que los que trabajábamos para él solamente recibíamos un muy bajo sueldo básico y escasas comisiones tanto por cursos como por llevar gente a bucear. Talal permitía que gente que ni sabía flotar fuera a probar bucear, o que criaturas de 5 o 6 años intentaran lo mismo.... pero usando equipamiento para adultos... Increíble. 
Sumando a ello, yo era la única "fuera del mundo árabe" así que salvo el cocinero y un par de pibes de mantenimiento que hablaban poco inglés pero trataban de comunicarse conmigo (y yo con ellos en el básico árabe que comencé a aprender con una profe) todos hablaban árabe durante la comida o reuniones y eran tan boludos que decían algo de mí y me señalaban...

El único tiempo de felicidad para mí era cuando buceaba (siempre que no fuera con alguno de estos tipos que eran un peligro para sí mismos y para mí), cuando me iba a la ciudad a tomar un té con menta y fumar una shisha mirando partidos de futbol europeo o cuando me tomaba mis días libres para visitar algún lado lindo. 

La sensación de soledad y aislamiento era muy fuerte.  Por suerte, el segundo mes encontré a mi amiga Muzzayan, prima de mi profe de francés en Sofrecom, y mi vida mejoró mucho porque nos íbamos de charla y cafés o tragos al menos una vez por semana. Pero aún así, en el trabajo la padecía mucho. 

Con el correr de las semanas, Talal empezó a prohibirme socializar dentro del hotel. No quería que le diera mi dirección de email o Facebook a nadie. Me prohibió que ayudara a cualquier empleado a crearse una cuenta de mail o Facebook. La cosa no era solamente conmigo. Los empleados tenían prohibido poner fotos en FB e inclusive sacarse fotos con los huéspedes. Esto no aplicaba a mí, que yo hacía lo que quería en ese aspecto, pero eso fue incrementando la bronca de Talal, supongo. Me contrató fundamentalmente porque hablaba 6 idiomas y después no quería que hablase con nadie... Y yo, que soy medio boluda a veces, cuando no había trabajo de buceo, ocupaba mi tiempo reorganizándole el stock del centro, haciéndole planillas Excel con macros para mejorar su gestión y otras cosas por las cuales no recibía ni un mango extra del sueldo bajísimo que todos teníamos, mientras los árabes se rascaban bien lo que les permitía la túnica, sentados al sol, fumando como quien quiere morir de cáncer de pulmón ya mismo, tomando té con menta y mirando a las turistas en biquini y apostando quién se quedaba con quién (Nota aparte: nunca lograron ganarse a ninguna jajajjaa).

Mi amiga Muzzayan me preguntaba:- ¿Por qué no te vas de ese lugar de mierda? Vas a conseguir trabajo en cualquier otro lado. 
Pero yo me había comprometido a trabajar al menos cuatro meses y además Talal me dijo que me estaban tramitando el permiso de trabajo, me hizo ir a los exámenes de sangre y un montón de burocracia adicional (que yo pagué) y cuando vio que le creí, todo quedó en la nada. De hecho el trámite quedo iniciado pero no hizo nada más y cuando yo, muchos meses más tarde, ya estaba trabajando en otro lugar, me vino a ver para que declarase que no trabajaba más para él porque los inspectores de trabajo le reclamaban que pague el permiso o la multa por no haber cancelado el trámite. Quería llevarse mi pasaporte para hacer el trámite de cancelación... Sí, claro. Esperáme, gordo, que ya te lo llevo LOL.

En el último mes, todos los cursos que aparecieron, los dio él solamente para no pagarme comisión, así que gasté más plata que la que gané.

Lo único que me dio mucha satisfacción fueron mis alumnos. Zaidan (mi primer alumno de Open Water), Jude (una pre-adolescente divina que hizo su iniciación en buceo conmigo en contra de los deseos de su padre) y otros buceadores que conocí y me permitieron pasaron buenos momentos, como los españoles Noa y Joan que me hicieron reir muchísimo y con quienes nos íbamos de tragos a escondidas de Talal o Tali, una mina divina de Israel, que solamente para escandalizar al gordo, se despedía de mí con besos y abrazos y hablándome en un "argentino" perfecto que aprendió viviendo unos meses en Buenos Aires.


También la visita de mi querida amiga Mónica, que se alojó en el hotelito, y con quien nos fuimos juntas a Wadi Rum. Además fue tener familia conmigo por 10 días, hablando en castellano, riéndonos de todos los idiotas en sus caras, una especie de venganza por todo el tiempo que hablaban en árabe en mi presencia sin traducirme nada jajajaja. Cuando Mónica se fue, me pasé como una semana viendo el atardecer llorando y sintiéndome más sola que nunca. 

Un garrón. Pero bueno, pasó y en un mutuo deseo de liberarse uno del otro, terminé mi contrato inexistente con el gordo infame que no me dejó bucear en la última semana como castigo por haber ido al centro compartiendo el taxi con una yanqui que ahora estaba trabajando ahí, sin haberle pedido permiso. :) Esta yanqui me dijo que ella veía que al tipo le molestaba que los huéspedes preferían charlar conmigo y no con él, y en lugar de ver como una ventaja para que yo vendiera cursos o buceos, el tipo solamente lo veía como que él no podía controlar todo. Un boludo, bah. Igual era gracioso verlo cómo le gritaba a todo el mundo pero cuando su mujer venía al centro del buceo, bajaba la cabeza y le decía que sí a todo. Algo que pasa en prácticamente todas las familias ahí. El tipo se hace el malo pero la mujer lo tiene cortito.

No me dejó despedirme de nadie, ni hablar con nadie en los últimos cuatro días que estuve allí, pero igual saludé a los chicos de la cocina y mantenimiento que me ayudaron a conseguir taxi y me dieron una mano con el equipaje el día que me fui y que en su básico inglés me dijeron: "I miss Estela. I sad Estela goes. Talal not good man." con los ojos llenos de lágrimas.

Pero ustedes ya saben cómo siento que el karma opera en la vida todo el tiempo. Y en agosto, cuando volví a Al Aqabah, en un segundo intento de trabajar en lo mismo pero en otro lugar y borrar la imagen de mierda de los meses en ese primer trabajo, me enteré que todos los empleados del Aqaba Adventure Divers (divemasters, mantenimiento, cocina) hasta los que eran familiares de él, habían renunciado y ya estaban trabajando o en otros centros o en otros rubros. Todos con las bolas al plato del sistema dictatorial de este tipo, de la falta de claridad en sus negocios y de la forma que maltrataba a todo el mundo. Ahora le cuesta mucho conseguir alguien para trabajar que se quede más de dos meses y nadie de los que lo conocen quiere trabajar con él.
Por mi parte, yo aprendí mucho de mí misma, pero a un precio muy alto. Y me di cuenta que a veces, es bueno conservar algunos sueños como sueños. O tratar de hacerlos realidad en aquellas circunstancias que no les saquen ni un poquito de la perfección que tienen en nuestro corazón.

Los veo la próxima, con la segunda parte. Mi segundo trabajo en Jordan (que tampoco fue una cosa de locos de bueno) y un cambio de vida importante que ayudó a que hoy esté donde esté.
Los quiero un montón y los extraño, aún cuando los llevo conmigo no importa la latitud o la longitud que me albergue.

Sunday, 6 May 2012

¿Qué hacés, animal?



(Esta entrada fue escrita en noviembre del 2011, mientras vivía en Al Aqabah)


Tengo una serie de principios que serán los que evalúe, o mejor dicho, cosas que voy a requerir existan en el lugar que elija para vivir la próxima vez.
Una de ellas, por ejemplo, es el hecho que la gente no sea sucia. Que no tire la basura por todos lados como si la ciudad entera fuera un basurero. Si separase la basura para reciclar, sería lo ideal, pero si no, bueno... al menos que no ensucie alrededor.
La otra, que aproveche en lo posible los recursos naturales como el viento o el sol en lugar de contribuir a la polución.
La tercera, que uno pueda expresar públicamente el afecto, así como abrazarse y todo eso (que de eso ya hablamos en este blog hace tiempo...)
Otra, el respeto por los animales. No sé por qué últimamente encuentro en los lugares donde vivo que la gente ignora estas cosas con cierta arrogancia y hasta orgullo de hacerlo. Sí, definitivamente unos boludos.

Hoy y acá, particularmente, de las carencias indicadas anteriormente creo que la que más me molesta es la falta de respeto con los animales.
Algunos dicen que tiene que ver con algunos temas religiosos, como muchas cosas que tratan de excusar o explicar en estas tierras.
(Partamos de la base que el Corán dice: “Y para las mujeres son derechos sobre los hombres similares a las de los hombres sobre las mujeres. (2:226)” pero ya sabemos cómo son las cosas en la realidad).
La verdad que creo que tiene que ver con una falta de educación y con un desamor y respeto en general por los seres vivos. Además el Corán dice que los animales deben ser tratados con compasión y no ser abusados. También dice que no deben ser maltratados innecesariamente (y ahí viene la subjetividad del tema), que no deben ser “marcados” en la cara ni puestos a pelear entre ellos para entretenimiento. Al matar animales (para comer) tiene que ser con una espada bien afilada (qué tierno eso ...) y que la caza como entretenimiento no va. Pero como todo. Cada uno lee lo que quiere y lo interpreta cómo se le ocurre.

Ya sé. Es una opinión personal pero bueno, es mi blog, che.
Y no voy a volver a hablar de las ovejas que se matan en el Eid porque de eso ya hablé y son hábitos o tradiciones cuestionables pero allá ellos. O el no comer cerdo porque es sucio y se come su propia caquita (aunque el Corán dice más elegantemente que es porque es omnívoro y no herbívoro ....pero sin embargo, pueden comer pescado...)

También en otros lados hacen unas bestialidades que ni siquiera justifican con la religión como las corridas de toros, San Sebastian, los gallos de riñas y no sé cuántas porquerías similares que me hacen pensar por qué el ser humano considera que la inteligencia es lo que lo hace superior a los animales. No, flaco, lo que te hace diferente (y superior solamente si lo sabés usar...) es la capacidad de poder decidir ser un ser más evolucionado espiritualmente y actuar en consecuencia. Decidir entre hacer el bien o el mal... Pero ya me estoy yendo al carajo con el tema original de este post, como cada vez que me apasiono con algo.

Yo me refiero ahora al día a día. La falta de respeto o consideración diaria hacia los animales. Vamos por partes. Acá, en Al Aqaba, la gente no tiene mascotas en general. En Amman, sí, un poco más. Pero acá, no.
¿Por qué? Y, cosas de la interpretación del Corán, tradición, qué se yo.

No me voy a extender en muchos ejemplos. Vayamos a los clásicos. Hablemos primero de los perritos. Para el Corán son “ritualmente sucios” que no sabemos bien qué significa pero mi amiga Katja, la rusa que trabajaba conmigo, decía que seguramente es porque se lamen las bolas LOL. Pero bueno, las mujeres también son “ritualmente sucias” cuando están con el período y después del parto (40 días si tuvieron un nena y 80 días si tuvieron una nena...) y en este caso quiere decir que de ir a la mezquita, olvidáte, por ejemplo. Difícil entender entonces a qué se refieren con los perros, porque dudo que los perros quieran ir a la mezquita...

Los perros pueden estar en la casa para laburar: como guardianes o los perros que ayudan a los pastores. Y son re estrictos en esto de la ritual falta de limpieza al punto que en algunos lados fuera del Medio Oriente, cuando la policía en busca de terroristas entra a una mezquita les tiene que poner a los pobres ropes unas botitas para que no “contaminen” el lugar. Y los presos cuyas celdas han sido olfateadas por perros entrenados en busca de contacto con explosivos o cosas así, tienen derecho a ropa nueva y sábanas limpias y así siguiendo.

O sea los perritos, forget it. Me sorprendió no verlos en toda Al Aqabah y una o dos veces cuando vivía más cerca de la zona Sur escuché a unos ladrando pero la gente los apedrea como si fueran el diablo. Más allá que les tienen miedo.
Yo extrañé mucho el contacto y la familiaridad con los perros que solía tener en la isla, donde había unos 5 o 6 que venían a dormir al dock de la casa de la playa donde yo vivía y me acompañaban en mis paseos diarios. Durante el resto del día desaparecían hacia lugares donde pudiesen encontrar más comida (no tenían mucha onda con mi dieta vegetariana...). Así que me pasé meses sin contacto con perris hasta que en uno de los viajes a Israel, estuve en una casa donde el dueño tenía una perrita Lilu que tuvo que bancarse todos mis cariños interminables.


Pasemos ahora a los gatos. Y me refiero a los animales … por las dudas. Del otro tipo de gatos hablamos en otro post del blog...
Yo soy fan de los perros pero todo bien con los gatos. Me parecen lindos, independientes. Quiero decir que no soy anti-gato. Está todo bien con ellos. Bueno, estaba... Las cosas en al Aqabah cambiaron un poquito mis sentimientos hacia ellos. Por suerte al volver a Argentina, volví a mi estado de normalidad gatuna.
Pero los gatos de Aqaba... Por empezar tampoco son mascotas. Viven en la calle y por ende todos transan con todos y aparecen algunos gatos con unos colores rarísimos que nunca antes había visto. Pero el tema principal es que son salvajes mal, mal.
Como están siempre a la caza de cualquier tipo de comida, si uno está en un restaurante, en la parte tipo patio o terraza, tenés que estar a cuatro manos o hablando a los gritos para que se te dejen de joder. Primero se acercan y rodean la mesa y te miran, te miran, te miran. Si no les gritás un poco o hacés ademanes para que se vayan, se van a acercando de a poco. Primero se te suben a una silla o lo mejor que encuentren (la pared bajita al lado de las mesas, una maceta...) y si no lo rajás, se suben a la mesa. 



Y eso, si no les das nada. Si cometés el error de pasarles algo de comer, fuiste, porque entonces de alguna manera los demás se enteran y cuando te das cuenta tenés 12 gatos alrededor listos para saltarle al plato.



Al principio, cuando me mudé al centro de la ciudad, los veía en la calle y me parecían re lindos. Aún cuando en general están dentro de los volquetes donde se dejan las bolsas con basura, o directamente en la calle destrozando las bolsas que encontraban por ahí. Recuerden que dije que la gente es bastante sucia y deja basura por todos lados, pero en general los gatos prefieren las bolsas.



Hasta que una vez vi uno chiquitito, de unos pocos días, tal vez un par de semanas. Solito, pobre. Me acerqué para darle algo de comer, y el muy hijo de puta me amenaza con un rugidito de mierda pero que me hizo asustar mal. Listísimo para lanzarse sobre mi mano (la vacía porque la comida que tenía para él fue a parar a cualquier lado). Y ahí caí. Estos gatos son re salvajes y medio peligrosos y supongo que es también porque además de sobrevivir en la calle, la gente los trata como a ratas. Así que tomé distancia.
Sin embargo, empecé a observar que cada día me los bancaba menos. Cuando iba a tirar la bolsa de basura al volquete, siempre había varios por ahí y no me daban espacio para poner la bolsa porque andaban a los saltos medio rompiendo bolsas, medio matándose entre ellos. Un garrón. Perdía un montón de tiempo para dejar la basura y entonces empecé a observar cómo hacía la gente habitualmente para dejar cosas en el volquete.
¿Qué hacían? Simplemente tiraban la bolsa adentro sin mirar y que se jodan los gatos....



Y acá viene la reflexión de cómo uno va cambiando con las circunstancias y la parte más oscura va saliendo a la superficie... :)
En agosto pasaba y veía como los tipos tiraban las bolsas donde fuera en el volquete y pensaba: “Estos árabes son unos turros. No les importa nada de los bichos estos”. En septiembre, veía cómo los gatos esquivaban las bolsas y no podían evitar que me apareciera una semi sonrisa de satisfacción... En octubre, yo ya también tiraba las bolsas sin mirar mucho y sin importarme si había gatos o no en el volquete. Noviembre, ya le apuntaba a los gatos con las bolsas de basura, para ver si embocaba a alguno.... Ahí me di cuenta que ya tal vez era un buen momento para pensar en ir a vivir a otro lado....
Cuando uno empieza a adoptar los hábitos locales que van en contra de nuestra naturaleza, es una manera de tirar la toalla. De aceptar lo que no está bien y hacerlo propio.
Así que empecé a dejar las bolsas al lado del volquete y dejar que los gatos hicieran lo suyo. Digamos que quedamos en paz los unos con los otros: Yo no te emboco con la bolsa, vos no te me cruces. Y asi fue. Cuando ahora veo un gato, me cuesta creer que se comporte lo que nosotros consideramos “normal” pues, claramente, en la naturaleza está la adaptación al medio, y si uno vive entre gente que no te respeta, te agrede, etc. a todos nos sale de adentro el “gato de Aqaba” que está ahí agazapado.
Los dejo acá y después les sigo contando otras cosas.
Los extrañooooo.