Ok. Acá vamos de nuevo (ya las últimas entradas de este blog) y esta vez para hablar de cosas no lindas pero que merecen ser contadas pues, después de todo, tienen que ver con la razón por la cual me fui a pasar un largo tiempo a Jordania y me hicieron aprender muchísimo.
Deepak Chopra dice en su famoso (y muy interesante por cierto) libro ¨Las 7 leyes fundamentales del éxito¨, que cuando nos dedicamos a trabajar en aquéllo que hacemos bien y disfrutamos y que se supone es el don especial que trajimos a esta tierra, todo fluye y conseguimos lo que deseamos sin demasiado esfuerzo. Primero, porque amamos lo que hacemos. Segundo, porque estamos alineados con el Universo y nuestro propósito en esta vida.
Re lindo, Deepak. Pero claramente mi don especial y todo eso, no tienen nada que ver con el buceo.
No me malinterpreten, por favorrrrr! Amo el buceo y lo elijo sobre cualquier otra actividad (bue, digamos que empata con bailar tango). No soy la mejor buceadora del mundo ni la mejor instructora del mundo. Obvio. Pero buceo bien, lo disfruto, me hace sentir en un mundo de paz y armonía y cuando lo hago, créanme, no hay otro lugar o momento donde quisiera estar. Y cuando doy clases de buceo, ya sea a alguien que recién empieza o a un avanzado, disfruto con un placer indescriptible ver cómo superan un obstáculo, como empiezan a moverse con naturalidad bajo el agua o cómo se les ilumina el rostro ante el descubrimiento de un mundo y una sensación que para ellos era desconocida.
Siento que mi don o propósito o lo que sea, tiene más que ver con la enseñanza que con la específica enseñanza del buceo, sin embargo, cuando tuve que buscar trabajo pensé que juntar estas dos cosas que eran las que más disfrutaba (enseñar y bucear) era lo ideal.
Error. Error. Error. No porque no sea posible, sino porque mis primeras dos experiencias como instructora de buceo (ambas en Jordania) fueron super frustrantes y me quitaron las ganas.
Obvio que ahora, si tengo la oportunidad, doy clase a amigos o gente que necesita más tiempo que otra para perder sus miedos o para lograr hacer alguna de las cosas necesarias para certificarse, pero la verdad que estos dos trabajos en Jordania me hicieron avivar que una cosa es trabajar gratarola y de onda, como lo hice en Grand Turk, donde la gente es más relajada, que tenerlo como obligación en un entorno hostil como el que me tocó.
Y allá voy con la primera parte.
Primera oportunidad de trabajo que me apareció en la página de PADI en el Mar Rojo, la acepté. Fue una locura porque yo nunca había estado en Jordania, no hablaba árabe y cuando el dueño del centro de buceo me dijo en Skype que Al Aqabah era un pueblo pequeño a orillas del Mar Rojo con excelente vida submarina, yo me quedé atrapada en eso de la buena vida submarina y me dije: cualquier lugar es bueno. Error error error.
Pero no quiero enfatizar en las cosas que podría haber hecho mejor porque no tiene sentido. Lo que pasó, pasó como dice la canción y trato de no evocar los puntos específicos de mayores contratiempos. Recién ahora, un año más tarde, puedo relatar con un poco más de detalle cómo fue mi vida de enero a abril incluído en esa primera experiencia, sin que me provoque dolor de estómago (o ganas de ser contorsionista para poder darme a mí misma varias patadas en el culo...).
Empecemos porque Al Aqabah es un lugar deprimente, salvo por el buceo, y eso ya lo conté en los otros posts del blog. Si París es la ciudad del amor, New York la ciudad donde no alcanzan los días para hacer todo lo disponible y Buenos Aires la ciudad que no duerme, Al Aqabah es la anti-Paris, anti-New York, anti-Buenos Aires. Sin embargo, yo siempre me las rebusco para encontrar algo lindo o estimulante en cualquier lugar. Pero Aqaba es un caso bien difícil....
Además yo ni vivía en la ciudad. El centro de buceo/hotelito estaba a 15 km de la ciudad (detalle que el dueño omitió en nuestras charlas y mails) y yo tenía un cuarto de 2 x 3 sin ventanas ni aire acondicionado ni baño privado. Tenía que vestirme y cruzar el área de la piscina a las 3 de la mañana si quería hacer pis. Todo es muy seguro ahí pero la verdad... es un garrón. Tampoco tenía una ducha en mi cuarto, así que tenía que usar las de los buceadores/as que son abiertas, así que me duché casi 4 meses siempre en biquini.
El lugar donde me contrataron (en realidad nunca vi un solo contrato ni para mí ni para nadie) se llama Aqaba Adventure Divers y los dueños son dos hermanos. Uno de ellos llamado Raid Abu Mafhouz, re normal, con quien se podía charlar, ver fútbol y tenía una actitud super positiva y que manejaba más la parte gerencial. El otro un gordo llamado Talal Abu Mafhouz que junta en su personalidad todo lo malo que uno se imagina de los hombres árabes y nada de lo bueno. Y como verán en la foto, ni siquiera lucía atractivo o atlético...
Para primera muestra ya bastan dos cosas que pasaron en la primera semana:
1) Como yo no hablaba nada de árabe y Talal me dijo ya el primer día: Ni lo intentes. Te llevaría quince años aprenderlo... (sí, re macanudo), su hermano me dijo que todas las tardes, cuando los que vivíamos en el hotel nos juntábamos un rato a ver algo de fútbol (siempre partidos entre dos equipos del Medio Oriente que se imaginarán no es como ver a Boquita o el Barcelona o el City o cualquier equipo que sepa jugar...), podíamos hacer una clase de media hora y que en un mes y medio o dos me iba a sentir cómoda al menos para tener las conversaciones básicas que se necesitan en cualquier lugar.
A cambio yo le di un par de ideas para mejorar el marketing del centro de buceo que era de terror. Aparentemente a Talal eso no le gustó y de un día para otro, su hermano desapareció. Me dijo que se había ido con su familia a Amman y estaría ahí unos meses. Nunca volvió al centro de buceo.
2) A la semana de estar trabajando ahí, ya me había adaptado a cosas como el baño y la comida sin variedad y una vez por día. Lo que ellos llaman almuerzo pero es a las 5 de la tarde. También me había resignado a que el horario de trabajar arrancaba a las 8.30 de la mañana y se terminaba cuando el último loco de atar se le ocurría aparecerse a bucear. Eso podía ser a las 4 de la tarde o a las 8 de la noche. Pero lo que pasó fue que vino una argentina (Cecilia) a hacer un buceo de prueba (no conmigo sino con un tipo que a veces trabajaba en el lugar) y cuando terminó me dijo que este tipo la había invitado a cenar y si quería ir con ellos así charlábamos un rato. Obvio dije que sí. Al dia siguiente Talal me llamó para decirme que yo no debía socializar con las mujeres que venían a hospedarse en el hotel. Es decir nada de ir de shopping o a cenar o lo que fuera, porque (literalmente) ¨les sacaba a los otros empleados la posibilidad de tener sexo con ellas". (Sí, para los musulmanes son sagradas sus mujeres, pero las no musulmanas es como si fuera prostitutas)
Primero pensé que era una broma pero no. Para él, que sus empleados puedan acostarse con las turistas es como un bonus del trabajo y yo estaba interfiriendo. Tampoco socializar con los huéspedes hombres, porque "en esta sociedad no está bien visto que una mujer salga con un hombre un día y más adelante con otro. Yo no tengo problema porque soy de mente muy abierta (sí, jajaja) pero si alguien se entera va a ser un problema".
Tratando de contener la risa que me dio tan absurdo razonamiento y cuando me di cuenta que hablaba muy en serio, le dije que con respecto a socializar con hombres no tenía que preocuparse, ni él ni nadie se iba a enterar de lo que yo hacía de mi vida social.... (obvio que no entendió el sarcasmo). Y que con respecto a la noche anterior, cuando fui a cenar con el coquito ése y Cecilia, le iba a dar una información que seguramente él no tenía. Le dije que Cecilia era argentina y que los hombres argentinos son en general encantadores, divertidos y atractivos. Y por lo tanto el tipito que había ido a la cena, en una escala de 0 a 10, no raspaba ni un 2 para el gusto argentino. Que no se preocupase, porque estaba segura que ese tipo, ni aún estando en una isla desierta, podría haber tenido oportunidad con Cecilia. Y me fui a mi cuarto pensando un poco cómo iba a hacer mi trabajo sin socializar con nadie. Con el tiempo me di cuenta que era imposible.
Otras cosas se sumaron: la revolución en Egipto hizo que el turismo se desmoronara y nadie aportaba por el golfo, así que nada. En cuatro meses que estuve, solamente di cinco cursos y me tuve que aguantar unos cuantos árabes que no hablaban inglés y querían intentar bucear por primera vez en condiciones que PADI no admite ni por casualidad. Cosas que me daban temor ya que eran de mucha irresponsabilidad por parte del centro, pero Talal solamente pensaba en el dinero que él hacía, ya que los que trabajábamos para él solamente recibíamos un muy bajo sueldo básico y escasas comisiones tanto por cursos como por llevar gente a bucear. Talal permitía que gente que ni sabía flotar fuera a probar bucear, o que criaturas de 5 o 6 años intentaran lo mismo.... pero usando equipamiento para adultos... Increíble.
Sumando a ello, yo era la única "fuera del mundo árabe" así que salvo el cocinero y un par de pibes de mantenimiento que hablaban poco inglés pero trataban de comunicarse conmigo (y yo con ellos en el básico árabe que comencé a aprender con una profe) todos hablaban árabe durante la comida o reuniones y eran tan boludos que decían algo de mí y me señalaban...
El único tiempo de felicidad para mí era cuando buceaba (siempre que no fuera con alguno de estos tipos que eran un peligro para sí mismos y para mí), cuando me iba a la ciudad a tomar un té con menta y fumar una shisha mirando partidos de futbol europeo o cuando me tomaba mis días libres para visitar algún lado lindo.
La sensación de soledad y aislamiento era muy fuerte. Por suerte, el segundo mes encontré a mi amiga Muzzayan, prima de mi profe de francés en Sofrecom, y mi vida mejoró mucho porque nos íbamos de charla y cafés o tragos al menos una vez por semana. Pero aún así, en el trabajo la padecía mucho.
Con el correr de las semanas, Talal empezó a prohibirme socializar dentro del hotel. No quería que le diera mi dirección de email o Facebook a nadie. Me prohibió que ayudara a cualquier empleado a crearse una cuenta de mail o Facebook. La cosa no era solamente conmigo. Los empleados tenían prohibido poner fotos en FB e inclusive sacarse fotos con los huéspedes. Esto no aplicaba a mí, que yo hacía lo que quería en ese aspecto, pero eso fue incrementando la bronca de Talal, supongo. Me contrató fundamentalmente porque hablaba 6 idiomas y después no quería que hablase con nadie... Y yo, que soy medio boluda a veces, cuando no había trabajo de buceo, ocupaba mi tiempo reorganizándole el stock del centro, haciéndole planillas Excel con macros para mejorar su gestión y otras cosas por las cuales no recibía ni un mango extra del sueldo bajísimo que todos teníamos, mientras los árabes se rascaban bien lo que les permitía la túnica, sentados al sol, fumando como quien quiere morir de cáncer de pulmón ya mismo, tomando té con menta y mirando a las turistas en biquini y apostando quién se quedaba con quién (Nota aparte: nunca lograron ganarse a ninguna jajajjaa).
Mi amiga Muzzayan me preguntaba:- ¿Por qué no te vas de ese lugar de mierda? Vas a conseguir trabajo en cualquier otro lado.
Pero yo me había comprometido a trabajar al menos cuatro meses y además Talal me dijo que me estaban tramitando el permiso de trabajo, me hizo ir a los exámenes de sangre y un montón de burocracia adicional (que yo pagué) y cuando vio que le creí, todo quedó en la nada. De hecho el trámite quedo iniciado pero no hizo nada más y cuando yo, muchos meses más tarde, ya estaba trabajando en otro lugar, me vino a ver para que declarase que no trabajaba más para él porque los inspectores de trabajo le reclamaban que pague el permiso o la multa por no haber cancelado el trámite. Quería llevarse mi pasaporte para hacer el trámite de cancelación... Sí, claro. Esperáme, gordo, que ya te lo llevo LOL.
En el último mes, todos los cursos que aparecieron, los dio él solamente para no pagarme comisión, así que gasté más plata que la que gané.
Lo único que me dio mucha satisfacción fueron mis alumnos. Zaidan (mi primer alumno de Open Water), Jude (una pre-adolescente divina que hizo su iniciación en buceo conmigo en contra de los deseos de su padre) y otros buceadores que conocí y me permitieron pasaron buenos momentos, como los españoles Noa y Joan que me hicieron reir muchísimo y con quienes nos íbamos de tragos a escondidas de Talal o Tali, una mina divina de Israel, que solamente para escandalizar al gordo, se despedía de mí con besos y abrazos y hablándome en un "argentino" perfecto que aprendió viviendo unos meses en Buenos Aires.
También la visita de mi querida amiga Mónica, que se alojó en el hotelito, y con quien nos fuimos juntas a Wadi Rum. Además fue tener familia conmigo por 10 días, hablando en castellano, riéndonos de todos los idiotas en sus caras, una especie de venganza por todo el tiempo que hablaban en árabe en mi presencia sin traducirme nada jajajaja. Cuando Mónica se fue, me pasé como una semana viendo el atardecer llorando y sintiéndome más sola que nunca.
Un garrón. Pero bueno, pasó y en un mutuo deseo de liberarse uno del otro, terminé mi contrato inexistente con el gordo infame que no me dejó bucear en la última semana como castigo por haber ido al centro compartiendo el taxi con una yanqui que ahora estaba trabajando ahí, sin haberle pedido permiso. :) Esta yanqui me dijo que ella veía que al tipo le molestaba que los huéspedes preferían charlar conmigo y no con él, y en lugar de ver como una ventaja para que yo vendiera cursos o buceos, el tipo solamente lo veía como que él no podía controlar todo. Un boludo, bah. Igual era gracioso verlo cómo le gritaba a todo el mundo pero cuando su mujer venía al centro del buceo, bajaba la cabeza y le decía que sí a todo. Algo que pasa en prácticamente todas las familias ahí. El tipo se hace el malo pero la mujer lo tiene cortito.
No me dejó despedirme de nadie, ni hablar con nadie en los últimos cuatro días que estuve allí, pero igual saludé a los chicos de la cocina y mantenimiento que me ayudaron a conseguir taxi y me dieron una mano con el equipaje el día que me fui y que en su básico inglés me dijeron: "I miss Estela. I sad Estela goes. Talal not good man." con los ojos llenos de lágrimas.
Pero ustedes ya saben cómo siento que el karma opera en la vida todo el tiempo. Y en agosto, cuando volví a Al Aqabah, en un segundo intento de trabajar en lo mismo pero en otro lugar y borrar la imagen de mierda de los meses en ese primer trabajo, me enteré que todos los empleados del Aqaba Adventure Divers (divemasters, mantenimiento, cocina) hasta los que eran familiares de él, habían renunciado y ya estaban trabajando o en otros centros o en otros rubros. Todos con las bolas al plato del sistema dictatorial de este tipo, de la falta de claridad en sus negocios y de la forma que maltrataba a todo el mundo. Ahora le cuesta mucho conseguir alguien para trabajar que se quede más de dos meses y nadie de los que lo conocen quiere trabajar con él.
Por mi parte, yo aprendí mucho de mí misma, pero a un precio muy alto. Y me di cuenta que a veces, es bueno conservar algunos sueños como sueños. O tratar de hacerlos realidad en aquellas circunstancias que no les saquen ni un poquito de la perfección que tienen en nuestro corazón.
Los veo la próxima, con la segunda parte. Mi segundo trabajo en Jordan (que tampoco fue una cosa de locos de bueno) y un cambio de vida importante que ayudó a que hoy esté donde esté.
Los quiero un montón y los extraño, aún cuando los llevo conmigo no importa la latitud o la longitud que me albergue.








