Monday, 21 March 2011

Y acá arrancamos … más vale tarde


Sí, bueno. Tal vez se preguntarán por qué recién después de dos meses y medio empiezo con el blog. ¿No habrá nada para contar que se toma todo este tiempo para pensar en algo?

No, nada que ver. Au contraire, mes amis… Hubo tanto desde el primer minuto que encontrar la oportunidad de sentarme y pensar por dónde empezar me llevó un tiempito. Además que la adaptación sigue y se sumaron otros temitas personales que absorbieron gran parte de mi energía y mis ganas de hacer cosas. Pero prefiero dejar eso para otra oportunidad pues hay gente que hay que dejar en el pasado en todo sentido, inclusive ni nombrarla en el blog… ejem. Ya se imaginarán de quien hablo…

Y acá estoy, en nueva ciudad, un nuevo país, nuevo continente, otra cultura, estrenando trabajo y profesión y aprendiendo mucho de todo, sobre todo de mí misma.

¿Por qué? Bueno, porque hay cosas acá que me resultaron increíblemente naturales desde el primer día y las tomé como propias y otras que en la puta vida voy a poder bancarme, y aún así, convivo con ellas. Algunas fantásticas costumbres que me hacen alegrar de estar acá y aquellas que me hacen pensar en tomarme un vuelo lo más pronto posible a cualquier lado donde el mundo vuelva a ser un poco más parecido al mío.

Y con todo, sigo acá y con la idea de ir de paseo a Argentina y volverme a seguir acá.

Pero vamos de a poco.

Para hoy elegí empezar hablando de una de esas cosas que adoré desde el primer momento, pues la viví apenas llegué en mi vuelo a Amman, la capital de Jordan, como a las 11 de la noche.

Mi vuelo de Amman a Aqaba era a las 7 de la mañana o por ahí y tenía que pasar la noche en el aeropuerto. Aeropuertito en verdad. No se imaginen Ezeiza ni nada así. Está bien pues tiene todo lo necesario y justo. Nada más. Un servicio en Inmigración fantástico. Te miran el pasaporte, ven que tenés la visa en orden y ya está. Nada de ese interrogatorio que te hacen los gringos en Miami (aunque te vean pasar cada 15 días) como asumiendo que todo el mundo se quiere quedar a vivir y trabajar ilegalmente… No. Tenés la visa sellada en el pasaporte y punto. Ni una pregunta. Buenas noches, gracias. Listo. Aduana, nada. Ni te miran lo que traés. ¿Quién va a traer algo de contrabando a Jordania? Nadie, hermano. A nadie se le ocurre acá traer algo de contrabando. Así que chau. Llegás y en menos de 10 minutos ya estás en el hall. Así que me encontré enseguida con toda la noche para mí, para pasarla en el hall donde hay un café y montones de asientos, casas de cambio y la oficina de información. Unos taxistas que te preguntan solamente una vez si los necesitás y si les decís que no, no te joden más.

Así que me voy al café con mi carrito con el equipaje (la maleta con el equipo de buceo, el bolso con la ropa y la mochi con la laptop, cámaras de fotos y demás más una bolsa con el tapado que llevé con el único propósito de usarlo en el frío de París). El café es abierto al hall y, obviamente, tiene Internet gratis y podés enchufar la laptop en los 12 enchufes que hay por todos lados. En mi éxtasis al ver que había bebida, comida, Internet, saco mi laptop, me instalo y me doy cuenta que hubiera estado bueno primero ir al baño. Le pregunto al tipo del café dónde está el baño mientras miro mi carrito, la laptop ya sobre la mesita con mi té y mi rollito de canela calentito y el tipo que entendió mi mirada inmediatamente, me dice: - Puede dejar el carrito acá.

Yo lo miré con cara de signo de interrogación y con una sonrisa me dice: - Acá nadie va a tocar nada. Nadie se lleva nada. Puede dejar eso ahí toda la noche y dormir en los asientos tranquila…

Inmediatamente me hizo acordar a lo que, irónicamente, siempre dice mi vieja: “Quien se va a llevar lo que no es de él…”. Bueno, acá es así.

Así que en una inspiración de fe inicial en mi nueva tierra, me voy al baño llevando conmigo mi mini carterita con el pasaporte, la tarjeta de crédito, la BlackBerry (tampoco la pelotudez…) y dejo todo lo demás. Y vuelvo y sí. Todo igual: la laptop en la mesa con el tecito y el rollo de canela y mi carrito con todas las cosas. Y sentí esa sensación instantánea de felicidad, del “yo esto no lo puedo creer” pero no solamente por la creciente inseguridad en Argentina. En todos lados. En Paris, que Liliana me decía cuando yo usaba la BlackBerry en la calle: - Guardá eso, Estela, que te lo van a sacar de la mano…. En la isla, que en los últimos meses que viví ya empezaron a haber robos a mano armada… Acá no hay crímenes. Muy rara vez un robo y lo agarran al tipo y ni pregunto qué le hacen. Ni quiero saber.

Pero por ejemplo, mis caminatas diarias (que ahora comenzaré a hacer a la mañana porque está por empezar el calor…) a veces las hago después de las 9 de la noche. Y por acá donde vivo no es el centro de la ciudad, son las afueras. Estamos a 8 km. de la frontera con Arabia Saudita. Así que yo camino una media hora hacia el Sur y entre un edificio y otro por ahí hay 500 metros. Es la carretera principal y está todo iluminado pero no hay nada. Ni gente caminando. Pasan algunos taxis, algún que otro auto en días de semana…

Para la policía, la ambulancia, la guardia costera, los milicos que están cuidando la frontera en su camino al trabajo, los transportes de los hoteles, más los autos particulares y los taxis. Todos preguntan: - ¿Necesita ayuda? ¿Necesita que la llevemos a la ciudad? ¿La alcanzamos a algún lado?

Pero yo sé que nada malo me va a pasar. Uno puede ir a la playa, entrar al agua a bañarse, a bucear, lo que sea, y dejar sobre los bancos de la playa o dentro del auto, todo. Bolso, celu, cualquier cosa. Nadie afana.

El mini resort/centro de buceo donde vivo, queda abierto y aunque lo cerrasen, se puede saltar la pared y cualquiera puede entrar. Está a 400 metros de la playa, medio entre montañas, como desierto de arena roja. Nadie se entera si hay gente alrededor o no. No importa. A nadie se le va a ocurrir entrar. Ni robar los trajes que están puestos a secar o el equipamiento.

Es la primera vez que vivo en un lugar donde no pongo bajo llave el pasaporte o la guita o las cámaras. En los hoteles, nadie va a tocar nada en los cuartos.

Bueno, ésa es una de las cosas a las que uno se acostumbra fácil porque te facilitan mucho la vida. Ahorrás mucho tiempo y te sacan un montón de stress de encima.

También la cuestión de saber que la gente acá no va a intentar joderte, cobrarte más de lo que corresponde, quedarse con el vuelto, etc. Inclusive los taxistas, que igual que en todos los lugares del mundo te pasan un precio mayor si sos turista. Yo les digo: - Yo no soy turista, trabajo acá y vivo acá. Y hasta voy a volver a llamarte para que me vengas a buscar si necesito taxi. Si me querés cobrar 10 dinares como a un turista, vamos mal, porque, primero: no lo voy a pagar. Segundo, olvidáte de mí como cliente. Negocio un ratito y si llegamos a un acuerdo, anoto el número y lo llamo si lo necesito después. A veces, cuando voy al centro al super, algunos de ellos para porque me reconoce y ya directamente me dice: Aryentin! South Beach? (ése es mi barrio) 4 dinar? Sabiendo que voy a tratar de bajarlo a 3 pero entre 3 y 4 vamos a arreglar precio…

Si no hablan inglés (mi árabe es re básico aún, solamente los saludos, algunas cosas de comida, los números…) no pierden la oportunidad de tener un pasajero. Llaman a alguien que hable inglés por teléfono y te pasan el celu para que arregles el precio y digas dónde vas con el improvisado intérprete quien luego le dirá en árabe cuál fue el arreglo…

Si uno no llega a un arreglo todo bien. Le decís: no, no me va. El te dice a mi tampoco pero buenas noches. Y todo bien. No te puteás ni nada.

Siguiendo con los taxis, a la noche, la gente que tiene auto o combis hace de taxi si es necesario. Si alguien te ve como esperando algo, así solari, para y te pregunta dónde vas. Le decís y por 1 o 2 dinares, cualquiera te lleva si va para ese lado. En general si es una pareja, o un tipo solo, está todo bien. Es siempre seguro. No me subiría a una van con 4 tipos… Qué se yo. Es seguro pero tampoco tentar a la suerte. Pero un tipo solo, una pareja, dos tipos y una mina, todo bien. Es la costumbre acá. La gente no se banca ver a una persona esperando sola en la calle. Menos una mujer. No es común y entonces asumen que necesitás que te lleven.

Como les decía, estas cosas son las que uno “adopta” y adora. Como estos atardecer que son bellísimos TODOS los días.

Las otras… bueno. Las iré contando en los próximos días pero para que se vayan dando una idea, a veces es como volver unos siglos atrás y de éste solamente mantener la tecnología.

Sigo creyendo que es muy enriquecedor vivir en una cultura totalmente diferente y que uno crece mucho. Lo que no sé es si vale la pena hacerlo por más que el tiempo necesario para un propósito específico.

Les mando un gran abrazo y nos vemos en un par de días. Inshallah J