Sunday, 22 April 2012

A 10 minutos de taxi de la sonrisa ...

Recuerdo que en abril del 2011, trabajando para Aqaba Adventures Divers (sí, el centro de buceo del gordo nefasto :))), como mi permiso de trabajo no estaba listo (y de hecho, nunca lo estuvo...), el dogor me dijo que tenía que salir de Jordania al menos por un día para poder después pedir un permiso más extenso. Agregó que lo más fácil y rápido era ir a Eilat, Israel, que queda a solamente 10 minutos de taxi del centro de Aqaba.
Digamos que allí está la frontera, uno cruza y ya está. El plan era ir un sábado por la tardecita y volver el domingo a la misma hora para este lado.
Sin tener mucho tiempo de organizar nada, ahí partí para la frontera y después de tener que pagar una multa ridículamente alta por haberme quedado más de un mes en Jordania (algo así como un euro y medio por cada día y yo llevaba como 2 meses y medio de exceso ..... Una bocha de guita que yo llevaba conmigo de casualidad), dejé atrás una vida para empezar 24 horas de una vida nueva, o mejor dicho,  conocida pero imposible de tener en la ciudad donde vivía.
Todo tiene su recompensa en esta vida :) 





Cuando uno sale de Jordania para cruzar a Israel en el paso de Eilat, hay unos 200 metros o algo así, que uno camina entre un país y el otro. Parece como en las películas, cuando intercambian espías. Yo no sabía con qué me iba a encontrar, pero ya al llegar del otro lado lo primero que noté es que la gente sonreía otra vez!!! Más allá que todo está super organizado. Desde las flechas que van indicando por dónde caminar y qué hacer primero (seguridad, inmigración, aduana), todo bien iluminado, los empleados todos super correctos y todo  es muy seguro. Hay gente que se pone loca porque uno tiene que contestar preguntas sobre las razones por las que va a Israel, dónde vive, qué hace. En fin, todo lo que a uno le pregunta en Inmigración en cualquier lado pero en Israel te preguntan bastante más. 
La verdad, yo me sentí super bien tratada, siempre dije la verdad y ya está. Además no me lo tomo como una invasión a mi privacidad. Es un tema de seguridad y punto. 
Una agente de inmigración me preguntó por qué había decidido ir a trabajar y vivir en Jordania y no en Israel. Yo les contesté: Porque ni hablo hebreo ni soy judía. Y ella me contestó con un tono neutral pero una semi sonrisa que no pudo ocultar: Usted tampoco es musulmana, ni habla árabe...
Y la verdad, yo también empecé a preguntármelo. 

Así que, bueno, así fue. Una hora después que había salido de mi casa, ya me había tomado un taxi y estaba en el medio de Eilat que es re chiquito pero tiene todo. 
Imagínense, comparado con Aqaba, Eilat es Miami o algo así :))  

Por empezar, como les decía antes, la gente es super descontracturada, buena onda, afectuosa. Para mí fue sentirme otra vez en el "mundo real". Y disfruté ese día muchísimo. No tenía la menor gana de volverme pero, bue, había que trabajar.

Pero la verdad, eso sentó un precedente enorme en mí. En agosto, ya en mi nuevo trabajo, me pasé casi un mes trabajando sin tomarme ni un día libre, para juntar cinco días y hacer un viajecito. 
Esta vez fui a Tel Aviv y Jerusalén. 
Apenas crucé la frontera, e iba caminando esos 200 metros, tenía una sonrisa en la cara que no me podía sacar de ninguna forma. Era una sensación de felicidad de saber que unos pocos metros estaría nuevamente en Israel, disfrutando la libertad de estar con gente como yo, de vestirme como quisiera, donde la gente se puede abrazar y besar en la calle, algo que yo no veía y realmente extrañaba ver estando en Jordania.
En Eilat me tomé el bus para Tel Aviv, re feliz y con mucha expectativa.

Me conseguí lugar en la casa de un coachsurfer que me podía albergar por dos noches y después me fui a un hotel. El día que llegué nos fuimos con él, su novia y otras dos chicas a una manifestación donde hubieron más de 300000 personas protestando contra el alto costo de vida. Todo re tranqui, sin ninguna violencia. La gente iba con hijos chiquitos sabiendo que no hay ningún peligro. Hasta los canas manifestaban porque sus sueldos son bajos y no da para pagar lo caro de alquileres y demás. Fue una buena forma de empezar el viaje. 





Después de Tel Aviv, me tomé un bus y me fui a Jerusalén y caminé mucho. Pasé un par de horas al lado del muro haciendo meditación mientras la mayoría de la gente rezaba o dejaba papelitos pidiendo cosas. Es un lugar impresionante. 
Cuando vas ahí, te hacen tapar los hombros y el cabello y ni hablar si tenés una remerita ajustada. Te piden que te cubras para demostrar "respeto". Me suena más a que si las mujeres no se tapan bien, la mayoría de los tipos se distraen mirando mucho y no rezan ni a palos :) pero bueno, hay que seguir las reglas y yo me tapé los hombros y me puse un velo para cubrir el cabello porque yo seguía siendo una locarda que andaba por el Medio Oriente mostrando el cabello. 



Volví a casa con mucha más energía pero también fue difícil volver a los modelos islámicos que en Aqaba son más fuertes que en Amman u otros lugares. Pero siempre conservando esas ganitas de volver a Israel pronto. Y así fue.
La siguiente vez que tuve que salir por temas inmigratorios (sí, en este segundo trabajo tampoco hicieron el permiso de trabajo.... parece que es una tradición ya) me fui por dos días nuevamente a Tel Aviv y ahí aproveché para hacer "cosas bien de ciudad". Ir a la peluquería, ir a comer a un buen restaurante, ir a un shopping. Poder tomarme el tiempo de conversar con la gente.

Después, en noviembre, encontré que necesitaba tramitar un certificado de antecedentes policiales o su equivalente para empezar a hacer las cosas para mi siguiente permiso de trabajo, esta vez ya en el Caribe. Como en Jordania no hay representación argentina (ni embajada ni consulado), las opciones eran: Egipto (que ya se estaban agarrando a los palos otra vez), Siria (ni hablar .... habrá que esperar unos cinco años con suerte para visitar ese país porque se siguen matando mal mal), Israel o los Emiratos (que sale bastante carito). 

Así que allí partí otra vez para mi cuarta visita a Israel. Esta vez incluyó un parte de Palestina también ya que había albergado en casa a un coachsurfer español que da clases de matemáticas en la universidad de Palestina y me había invitado a ir a su casa donde vive con otra española. Así que en este viaje hice mi trámite en Tel Aviv, de allí me fui a visitar primero Haifa (el lugar más lindo que vi en Israel) y de ahí con unas lluvias tremendas me fui a Hebron en Palestina, vía Jerusalén. El tiempo estuvo horrible pero me fui con los españoles y un par de palestinos a Belén a bailar la primera noche a lo que ellos llaman "una disco cristiana" y la pasamos bárbaro. Es raro, porque en Palestina hay cristianos, judíos y musulmanes. Los judíos y musulmanes odiándose de una manera visceral y tratando de convencer a todo el que está dispuesto a escuchar, que Palestina es de ellos y no del otro.
Empiezan que en tal año era nuestra y ellos se la robaron. Que en tal otro la recuperamos y después esos chorros la volvieron a ocupar... y si uno los deja seguir hablando, llegamos a Moises y no se termina más. Así que yo a todos les decía: sí, sí, sí, sí. Y listo. A los fines prácticos tanto para entrar a mezquitas como a sinagogas, lo mejor es decir que uno es cristiano y ahí nadie te jode. Si no, si sos musulmán los soldados israelíes te revisan hasta las cavidades. Si sos israelí, los musulmanes te escupen (sí, te escupen...) y se arma cada bardo que te la encargo.
Además en Hebrón están los musulmanes más rígidos. Todas las mujeres tapadas y en los restaurantes y cafés hay un salón para los hombres y otro que ellos llaman "para familias" donde van las familias y las parejas o las mujeres solas. 
Yo fui con el gallego a ver un partido del Real Madrid a un café y nos mandamos, obvio, para la parte de familias pero el dueño no tenía tv para ver el partido ahí, así que hizo una excepción y me dejó ir al salón de los hombres. Unos veinte tipos que estaban tomando licuado de manzana o té con menta (de alcohol ni hablar...) y fumando shisha, nos miraron como si estuviésemos profanando un templo. El gallego y yo tomando tecito y comiendo papas fritas que nos trajimos de otro lado porque en los cafés no venden comida, y éramos los únicos dos que gritábamos al televisor durante el partido.

Al día siguiente me fui de paseo a Belén todo el día y realmente todos esos lugares valen la pena. Una muy buena energía y tanta historia y cosa mística que uno se siente que está en otra época.

El trámite que hice en Tel Aviv, incluía que tenía que ir a buscar nuevamente el certificado con un mes después así que en diciembre fui a hacer mi quinto viaje a Israel y pasé un par de días muy lindos. Esta vez fui de Eilat a Tel Aviv en avión y el vuelo fue más corto que el tiempo que estuve en el aeropuerto entre el interrogatorio que me hicieron por haber estado en abril en Egipto unos días, y que me desarmaron toda la mochila y le pasaron reactivos a cada puta partecita para ver si había estado en contacto con explisivos. Muy correctos los de seguridad que eran todos rusos y, como se imaginarán, no sonríen ni mirando a Olmedo. 
En Israel hay casi ocho millones de habitantes y entre ellos hay más de un millón de rusos que inmigraron a partir de 1989 y están por todos lados.
En este último viaje (bueno, último por ahora...je je) a Israel, aproveché en Tel Aviv y fui a una clase de tango de una argentina muy famosa que todos los profesores y bailarines conocen. Todo el que va a Tel Aviv y disfruta el tango, va a alguna de sus clases. Su nombre es Silvia Rajschmir y fue lindísimo estar ahí, aprender, bailar y hasta participar de la celebración de cumpleaños de uno de los alumnos. Acá también, Silvia y yo éramos las argentinas. El resto, dos israelíes y como doce rusos, que bailaban muy bien.






En fin, esos cinco viajes fueron una hermosa experiencia y una gran sorpresa pues no esperaba encariñarme tanto con un país que siempre sentí muy lejano y sobre todo al que siempre temí ir por los constantes conflictos bélicos. Supongo que luego de vivir en Jordania y acostumbrarme a estar rodeada de países en quilombo constante, el estar en Israel fue como un oasis donde me sentí muy segura y cuidada.
Sumemos a eso la comida riquísima, los hombres bellísimos, la riqueza cultural,  y sobre todo la calidez de la gente (más el haber disfrutado un poquito del tango) les podría decir que fue como estar en Argentina por un ratito.

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